Los ojos se ciegan, las lágrimas se consumen en el fuego interno y se escapan en un suspiro que parece eterno e interminable pero solo dura un segundo.

Un segundo en el que la mente seducida por el recuerdo juega a formar ese nombre que tanto ansiamos sacar de nuestro pecho.

Y las palabras corren una tras de otra como maniáticas, dulces, tristes, inconcientes se alejan, pero dejan rastros…
Refugiando en un segundo, su recuerdo otra vez en el alma.

Entonces nos martilla el cerebro, la locura, el dolor, la ausencia y en un segundo nos encontramos de nuevo entre razonamientos que anulan el recuerdo solo por un tiempo….

Hasta que otra vez una marea de sentimientos desate una tormenta, que deje un espejo de locura, en un rostro carcomido por el tiempo…